Patagonia, una historia bajo cero

En la punta de nuestro continente, al extremo de Chile, nos encontramos con esta hermosa región congelada. Esta vez será la protagonista del viaje quien nos cuente cada detalle, así que vivamos junto a ella la majestuosidad de una de las zonas más australes del planeta

Por: Viviana Mella

Patagonia… ¡Un viaje inolvidable! Partimos el 29 de diciembre desde Puerto Montt, una ciudad al sur de Chile, en la región de Los Lagos. Antes de zarpar, siempre dan la charla de seguridad y esa vez no fue la excepción.

El barco es bastante cómodo, lo noté cuando al fin estuve a bordo, luego de la instrucción previa a la travesía. En definitiva, eran más o menos las 5:30 pm cuando arrancamos rumbo al ventisquero.

Navegamos sin pausa. Esa noche cenamos con música en vivo mientras pasábamos por Calbuco, también por el Seno de Reloncaví, el Golfo de Ancud y el Golfo del Corcovado. La verdad, dejé de impacientarme por el ventisquero gracias al trayecto que bien vale la pena.

El clima es matador y no pude darme el lujo de estar en cubierta de noche. Entre la humedad y el frío, la misión es imposible, así que dormir era mi mejor opción.

Al siguiente día, muy temprano, el desayuno ya esperaba y yo recibí el chocolate caliente como una bendición. Cuando vienes de un lugar tan caliente como Venezuela, despertar entre hielo y mar es una cambio extremo.

Navegamos por el Canal Moraleda, las Islas Guaitecas, Puerto Aguirre y Caleta Andrade. El almuerzo fue excelente y poco después tocamos Puerto Chacabuco en la muy austral ciudad de Puerto Aysén. Si antes tuve frío, nada se compara con este pueblo.

El sitio es espectacular, no se si es por la naturaleza geográfica que lo hace tan exótico o simplemente los colores que se ven en ese punto del planeta. El azul intenso del cielo, el suave aguamarina del mar, el verde intenso de la vegetación y los fríos colores del hielo.

Me pareció curioso (aunque comprensible) que el pueblo estuviera casi desabitado, según nos mencionó uno de los guías, la municipalidad ofrece toda clase de beneficios para incentivar a los ciudadanos a vivir en Puerto Aysén.

Se hizo hora de volver y esperar la cena en el barco. Esta vez la noche fue de fiesta. Y debo reconocer que son unos organizadores muy animados y creativos. Mi papá casi ganó una competencia a las mejores piernas.

Se hizo el tercer día a bordo del Navimag y la ruta nos llevó por el Río Témpano al fin hasta la Laguna San Rafael. La imagen que se obtiene tan sólo al llegar es digna de muchísimas postales y yo la llevaré siempre en la memoria.

Gracias a las condiciones del clima pudimos subir a unos botes pequeños y acercarnos al enorme glaciar. Es algo que merece verse al menos una vez en la vida.

El glaciar es bastante más grande a medida que uno se acerca, aunque hay restricciones al respecto y la distancia está limitada. Los trozos que se caen constantemente de la masa de hielo, aunque se ven pequeños, cada uno de ellos es bastante más grande que el ferry Navimag en el que llevamos 3 días viajando.

El guía nos señaló unas marcas, cada una corresponde a un año distinto e indican cuanto ha disminuido el glaciar con el paso del tiempo. El deshielo se ha comido metros y metros del río Ventisquero.

Un rato después volvimos al Navimag y nos preparamos para abandonar la Laguna San Rafael y tomar rumbo a Puerto Chacabuco. Ese 31 de diciembre nos alejamos del frío hielo para calentar el ambiente con una fiesta de Año Nuevo a bordo.

La celebración fue fabulosa con los ánimos que todos traíamos de haber visto al fin el Ventisquero. Poco a poco, mientras entraba la madrugada, se fue apagando el ambiente y cada pasajero partió a su camarote.

El 1 de enero llegamos a Puerto Chacabuco donde desembarcamos un rato y pudimos almorzar en el pueblo y disfrutar del primer día del año fuera del barco. Sin embargo, al abordar y partir de nuevo nos esperaba una peculiar sorpresa.

Celebramos tomando whisky de 18 años con hielo de miles de años. Nuestro guía decidió tomar del río algunos trozos milenarios para acompañar nuestra bebida.

Arrancamos de vuelta a nuestro punto de partida y a los últimos destinos que pisaríamos en este viaje. Esa noche dormimos muy bien, quizá por el cansancio de los días anteriores con las fiestas a bordo.

El quinto día navegamos por el Golfo de Ancud y el Seno de Reloncaví. Cada sitio que visitábamos tenía su hermosura particular. Cuando se hizo la hora almuerzo y poco después debimos hacer el desembarco en Puerto Montt.

La travesía había llegado a su fin. Dejé conmigo millones de fotos, recuerdos y anécdotas chistosas, además de algunas instructivas, como no olvidar que una puntita de hielo sobresaliente en el mar puede ser una montaña debajo.

De lo que estoy segura, es que no dudaría en volver.

Fuente: María Alejandra Mella

Si desea más información acerca de los viajes, puede visitar el portal de la empresa naviera Navimag.

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