Trotamundos

Trotamundos: Aruba, en siete días


Semana Santa fue la fecha elegida para visitar esta maravillosa isla del caribe. Pensar en Aruba es imaginar playas con impresionantes colores, sentir la brisa, el sol y el perfume marino. Siga los pasos de esta viejera

Por: Viviana Mella

Desde el avión se puede apreciar el intenso color turquesa de sus aguas y apenas al llegar se nota lo dedicados que están al turismo. Todo está preparado para brindar una excelente atención al visitante.

Viajaremos detrás de la huella de Alejandra Villalobos. Esta joven será nuestra guía desde el aeropuerto hasta los arrecifes de coral.

Empieza el recorrido

Esa Semana Santa mi familia decidió visitar Aruba, aunque fuera apenas una semana. El viaje no duró más de 2 horas y media desde Caracas (Venezuela) hasta el Aeropuerto Internacional Reina Beatriz a 4 km de la capital Oranjestad.

Nada más pisar el área de salida del aeropuerto encuentras el autobús que te lleva al hotel. Nosotros nos hospedamos en el Holiday Inn Resort. Me pareció súper curioso que la mayoría de los hoteles, si no todos, están en la misma avenida.

Descubrir completas las instalaciones del hotel fue una maravilla porque cuenta con varias piscinas, hay saunas, centros donde se hacen masajes y además la playa está ahí mismo, que es lo mejor que tiene Aruba.

La arena blanca, el agua totalmente transparente y el clima hace que Aruba tenga las mejores playas. Nada más estar ahí es suficiente para disfrutarlas, pero hay mil actividades que se pueden hacer en el agua y sobre ella.

Por eso, los dos primeros días fueron netamente entre las olas. No nos separamos mucho del mar.

Hicimos parasailing (paravelismo) por parejas. Íbamos amarrados con un arnés al paracaídas especial y a la lancha con una cuerda larga para poder elevarnos. Cuando la lancha acelera comienzas a subir, aunque no se controla el paracaídas no hay mucho riesgo y tienes una vista excepcional, si vas con suerte puedes observar casi toda la isla.

También nos subimos a unas tripas que van a bastante velocidad, no es una actividad tan compleja como el paravelismo, pero si es súper divertida.

Al tercer día de estadía en Aruba decidimos ver de cerca los arrecifes de coral tan espectaculares de la región. Para eso existe un servicio turístico en el submarino Atlantis. Es increíble lo que se puede ver desde dentro, es súper cómodo y perfecto para la observación. Realmente quedas maravillado con la fauna y flora marina.

Llegó el día número 4 y esta vez nos fuimos a conocer uno de los bulevares donde el glamour es la clave. Hay muchísimas tiendas súper exclusivas, restaurantes excelentes y además, el ambiente es maravilloso, especialmente de noche. La decoración del lugar hace que al caer el sol tenga un encanto especial.

Al siguiente día nos dejamos atrapar también por el espíritu de compra y visitar algunos centros comerciales. Pero lo cierto es que Aruba no ofrece precios tan buenos como algunos otros destinos, por ejemplo Miami, aunque si mucha variedad.

Claro, que si busca joyería quedará impresionado por la gran oferta que hay en la isla. Son muchísimos los establecimientos dedicados al ramo y las piezas que allí puede encontrar son tan hermosas como exclusivas.

Nuestras últimas horas en Aruba las pasamos de vuelta en el agua. La verdad fue difícil resistir la tentación de sumergirse y hacer algo de buceo. La belleza submarina de la región es hechizante. Ese es mi mayor recuerdo.

Aquí, un video de ArubaTourism donde se muestra cómo es la experiencia a bordo del Atlantis

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Patagonia, una historia bajo cero


En la punta de nuestro continente, al extremo de Chile, nos encontramos con esta hermosa región congelada. Esta vez será la protagonista del viaje quien nos cuente cada detalle, así que vivamos junto a ella la majestuosidad de una de las zonas más australes del planeta

Por: Viviana Mella

Patagonia… ¡Un viaje inolvidable! Partimos el 29 de diciembre desde Puerto Montt, una ciudad al sur de Chile, en la región de Los Lagos. Antes de zarpar, siempre dan la charla de seguridad y esa vez no fue la excepción.

El barco es bastante cómodo, lo noté cuando al fin estuve a bordo, luego de la instrucción previa a la travesía. En definitiva, eran más o menos las 5:30 pm cuando arrancamos rumbo al ventisquero.

Navegamos sin pausa. Esa noche cenamos con música en vivo mientras pasábamos por Calbuco, también por el Seno de Reloncaví, el Golfo de Ancud y el Golfo del Corcovado. La verdad, dejé de impacientarme por el ventisquero gracias al trayecto que bien vale la pena.

El clima es matador y no pude darme el lujo de estar en cubierta de noche. Entre la humedad y el frío, la misión es imposible, así que dormir era mi mejor opción.

Al siguiente día, muy temprano, el desayuno ya esperaba y yo recibí el chocolate caliente como una bendición. Cuando vienes de un lugar tan caliente como Venezuela, despertar entre hielo y mar es una cambio extremo.

Navegamos por el Canal Moraleda, las Islas Guaitecas, Puerto Aguirre y Caleta Andrade. El almuerzo fue excelente y poco después tocamos Puerto Chacabuco en la muy austral ciudad de Puerto Aysén. Si antes tuve frío, nada se compara con este pueblo.

El sitio es espectacular, no se si es por la naturaleza geográfica que lo hace tan exótico o simplemente los colores que se ven en ese punto del planeta. El azul intenso del cielo, el suave aguamarina del mar, el verde intenso de la vegetación y los fríos colores del hielo.

Me pareció curioso (aunque comprensible) que el pueblo estuviera casi desabitado, según nos mencionó uno de los guías, la municipalidad ofrece toda clase de beneficios para incentivar a los ciudadanos a vivir en Puerto Aysén.

Se hizo hora de volver y esperar la cena en el barco. Esta vez la noche fue de fiesta. Y debo reconocer que son unos organizadores muy animados y creativos. Mi papá casi ganó una competencia a las mejores piernas.

Se hizo el tercer día a bordo del Navimag y la ruta nos llevó por el Río Témpano al fin hasta la Laguna San Rafael. La imagen que se obtiene tan sólo al llegar es digna de muchísimas postales y yo la llevaré siempre en la memoria.

Gracias a las condiciones del clima pudimos subir a unos botes pequeños y acercarnos al enorme glaciar. Es algo que merece verse al menos una vez en la vida.

El glaciar es bastante más grande a medida que uno se acerca, aunque hay restricciones al respecto y la distancia está limitada. Los trozos que se caen constantemente de la masa de hielo, aunque se ven pequeños, cada uno de ellos es bastante más grande que el ferry Navimag en el que llevamos 3 días viajando.

El guía nos señaló unas marcas, cada una corresponde a un año distinto e indican cuanto ha disminuido el glaciar con el paso del tiempo. El deshielo se ha comido metros y metros del río Ventisquero.

Un rato después volvimos al Navimag y nos preparamos para abandonar la Laguna San Rafael y tomar rumbo a Puerto Chacabuco. Ese 31 de diciembre nos alejamos del frío hielo para calentar el ambiente con una fiesta de Año Nuevo a bordo.

La celebración fue fabulosa con los ánimos que todos traíamos de haber visto al fin el Ventisquero. Poco a poco, mientras entraba la madrugada, se fue apagando el ambiente y cada pasajero partió a su camarote.

El 1 de enero llegamos a Puerto Chacabuco donde desembarcamos un rato y pudimos almorzar en el pueblo y disfrutar del primer día del año fuera del barco. Sin embargo, al abordar y partir de nuevo nos esperaba una peculiar sorpresa.

Celebramos tomando whisky de 18 años con hielo de miles de años. Nuestro guía decidió tomar del río algunos trozos milenarios para acompañar nuestra bebida.

Arrancamos de vuelta a nuestro punto de partida y a los últimos destinos que pisaríamos en este viaje. Esa noche dormimos muy bien, quizá por el cansancio de los días anteriores con las fiestas a bordo.

El quinto día navegamos por el Golfo de Ancud y el Seno de Reloncaví. Cada sitio que visitábamos tenía su hermosura particular. Cuando se hizo la hora almuerzo y poco después debimos hacer el desembarco en Puerto Montt.

La travesía había llegado a su fin. Dejé conmigo millones de fotos, recuerdos y anécdotas chistosas, además de algunas instructivas, como no olvidar que una puntita de hielo sobresaliente en el mar puede ser una montaña debajo.

De lo que estoy segura, es que no dudaría en volver.

Fuente: María Alejandra Mella

Si desea más información acerca de los viajes, puede visitar el portal de la empresa naviera Navimag.

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